Existe mucha preocupación en el sector ambientalista por los excesivos avances en la deforestación que ya alcanza cifras astronómicas en perjuicio de la siembra natural de productos alimenticios, al margen de destruir el humus de tierras cultivables. Si a todo ello se añade el uso de precursores -caso de los fabricantes de droga- el problema adquiere contornos muy graves. Se cree que las nuevas plantaciones de sorgo y caña, agrocombustibles, agravarán seriamente la deforestación.

En medio de polémicas, cinco ingenios azucareros de Santa Cruz realizaron fuertes inversiones para “generar alcohol anhidro y apuntalar la producción de etanol en los siguientes años”. Debido a un acuerdo firmado entre YPFB y el sector privado cañero, “se contempla la producción hasta 2025 de un volumen de 380 millones de litros de alcohol anhidro que será utilizado como aditivo en la gasolina”. Señala la información: “El nuevo combustible comenzó a ser distribuido desde noviembre pasado en cuatro departamentos con el nombre de Súper Etanol 92. Desde noviembre Yacimientos ha comercializado más de 120 millones de litros de etanol que incorpora hasta 12 por ciento del aditivo por litro de carburante producido por las refinerías”.

Una experta medioambientalista observó que “desde la implantación de las semillas modificadas resistentes al pesticida glifosato no se logró saltos en la productividad de las oleaginosas. Hoy se mantiene en alrededor de dos toneladas por hectárea cuando Brasil registra más del doble”. Por su parte, Probioma que lidera los cuestionamientos a la ampliación de la frontera agrícola, expresó sus reparos sobre la deforestación, sostiene que “el bioetanol que fue difundido por el gobierno como el primer ‘combustible verde’ del país, no es precisamente tal porque la maquinaria que producirá caña de azúcar, tanto en el campo como en los procesos industriales y los medios de transporte, registra alta emanación de Dióxido de Carbono (CO2)”.

Se expresa muchos justificativos por parte de las autoridades al señalar que “la producción de etanol afectará positivamente al crecimiento de la economía nacional, al menos en 0,9 por ciento del PIB. Otro impacto esperado se refiere a la atenuación de las emisiones de CO2 en 6 por ciento”. Este aspecto fue observado por Probioma que demandó un balance entre el interés mercantilista de los ingenios y los derechos medioambientales del país (ED 24-3-19).

El problema es muy serio y lo es mucho más debido al desconocimiento, casi general, de la población, sobre qué productos dañan al medioambiente, cuáles son los que perjudican a la forestación y cuáles son negativos para la producción de caña de azúcar y su posterior industrialización; en qué proporción el CO2 afecta al medio ambiente con lo propuesto por quienes buscan, con mucho costo, aumentar la producción de agrocombustibles. El país, mediante los técnicos del caso, debe estar interiorizado de todo este significativo problema.

Editorial El Diario