Por: Rolando Morales Anaya

El Dr. Morales obtuvo su doctorado en Economía en la Universidad de Ginebra, Suiza con mención en Econometría y Estadística Aplicada. Desde 1976 hasta la fecha se desempeña como catedrático en estadística y econometría de cursos de pre grado y ha sido coordinador de distintos cursos de post grado en universidades bolivianas. Ha sido subsecretario de Política Monetaria, Superintendente de Empresas, Asesor en Métodos Cuantitativos del Banco Central y asesor de la Central Obrera Boliviana. Ha realizado múltiples trabajos de consultoría en América Latina para varios gobiernos y organismos internacionales. Es autor de una decena de libros en el campo de la economía con especial énfasis en los problemas de desarrollo y de pobreza.

El sector eléctrico presenta varios problemas preocupantes que requieren la atención de la opinión pública. El primero de ellos es que la producción por medio de plantas hidroeléctricas está cediendo paso a las termoeléctricas. Este es un problema, por sus consecuencias ambientales y por qué algún día no tendremos gas suficiente para seguir produciendo electricidad.

Entre los otros problemas, tenemos que el aumento  del Producto Interno Bruto (PIB) por unidad adicional de electricidad está en caída libre, contrariamente a lo que ocurre en otros países de América Latina; es decir, hacemos un uso ineficiente de energía.  Según datos del Banco Mundial la desinversión que implica la explotación de recursos energéticos llega a cerca del 10% del PIB, teniendo en cuenta que la inversión bruta llega a 18%, la inversión neta nacional es apenas del 8%.

Con ese nivel tan bajo de inversión, las perspectivas de crecimiento para el futuro son negras. El consumo de electricidad per cápita, si bien está en ascenso, empujado por el crecimiento acelerado de la electrificación rural,  apenas llega al 35% del nivel promedio en América Latina.

Estos pocos datos son suficientes para preocuparse sobre el futuro de la producción de electricidad.

Intranquiliza la respuesta del gobierno basada en la construcción de grandes represas hidroeléctricas y en la quimera de convertirnos en el centro energético de América Latina.

En este marco, Bolivia ha retomado el proyecto de El Bala, muchas veces desechado en el pasado, y el proyecto Chepete. Estos proyectos implican enormes daños ambientales, denunciados por los defensores de la naturaleza, en especial, por la Fundación Solón y la Universidad Mayor de San Andrés. En la región viven pueblos indígenas (Mosetenes, Chimanaes, Lecos, tacanas, Uchipiamonas, otros), que tendrán que ser trasladados a otros lugares. Cerca del 75% de la electricidad que se planea producir en estas represas sería para exportarla a Brasil.

La preocupación también tiene que ver con las características técnicas  del proyecto encargado a la consultora italiana GeoData y con el tipo de respuesta a un problema que amerita preocupación.

GeoData cobró por su proyecto 1 millón de dólares y el gobierno no quiere que lo conozca la opinión pública. Una versión no oficial de este proyecto pone de manifiesto un trabajo mal hecho, sobre todo en su parte económica. Se espera haya alguna reacción de ENDE al respecto.

Pero, el problema más grave es el tipo de respuesta del Gobierno para generar electricidad por otros medios que las plantas termoeléctricas. ¿Es una buena idea la construcción de enormes represas, con una proyección de funcionamiento de 50 años, a un costo de más de 10 mil millones de dólares, con graves daños medio ambientales y con proyecciones dudosas de exportación?

Teniendo en cuenta la estructura dispersa de ocupación del territorio nacional, es conveniente estudiar la factibilidad de un sistema integrado de generación local de electricidad con energías alternativas, básicamente, solar, eólica y termal y, eventualmente, con pequeñas represas y sistemas termoeléctricos.

El desarrollo de sistemas locales debe estar asociado a la necesidad y posibilidad de utilizar electricidad para hacer funcionar maquinaria agrícola e industrial. Ello requiere diseñar la política energética en el marco de un proyecto de desarrollo económico que impulse la agropecuaria y la manufactura a nivel nacional. Un proyecto de este tipo, además de contribuir a la expansión del PIB, apoyará el crecimiento del empleo, la disminución de la pobreza, la participación popular y tendrá efectos benéficos en la Balanza de Pagos.

Proyectos de la envergadura del Chepete o de El Bala son muy costosos (posiblemente, su costo se doblará con relación a la evaluación inicial), tendrán poco impacto en otros sectores de la economía y en el empleo, implican la movilización de capital por un largo periodo de tiempo (50 años), impidiendo la incorporación de progreso técnico en el campo energético (e supone que en los próximos años, el mundo entero dará un giro importante en las modalidades de producir energía) y con mercados internos y externos inciertos. Se trata de proyectos de alto riesgo cuyos beneficios potenciales no justifican que sea asumido.

 

FUENTE: INTERNET