Análisis de: Emilio Martínez Cardona


Sería injusto decir que el curioso modelo económico socialista-comunitario comenzó a implementarse con el gobierno de Evo Morales, cuando existen claros antecedentes durante la administración de Carlos Mesa del 2003-2005.

Concretamente con la gestión del entonces ministro de asuntos campesinos, Ricardo Calla Ortega, y de su mano derecha, la viceministra María Eugenia Choque, ahora convertida en presidenta del Tribunal Supremo Electoral, donde está llevando a cabo la peor masacre blanca de la historia de ese Órgano.

Como muestra de lo antedicho basta con citar la causal de renuncia de Calla al ministerio: las protestas del Conamaq por el “paralelismo” sindical estimulado por el funcionario-sociólogo, quien inauguró una práctica que luego sería retomada ampliamente por el régimen del MAS.

También tengamos en cuenta los estudios académicos de Choque sobre la “reconstitución del ayllu”, para aquilatar que el sinsentido del socialismo comunitario viene desde antes del evismo.

Negación de encuestas

Ahora,  bordeando el ridículo, el ex ministro Calla hizo el intento en una columna publicada ayer por Página Siete (“Cifras y devaneos electorales”) de abrir un juicio de valor sobre mi libro más reciente, “El caudillo ilustrado”, sin haberlo leído, algo que él mismo confiesa en la nota y que ya ha ocasionado bromas varias en las redes sociales.

Más allá de esa anécdota risible, el ex funcionario del fallido gobierno de Carlos Mesa esboza en su artículo una suerte de negacionismo de las encuestas, afirmando temerariamente que ningún sondeo ubicó nunca a su candidato con 39% de intención de voto en la pre-campaña, y que tampoco habrían encuestas que lo muestren bajando hasta el 25% en tiempos más recientes, como detallé en una entrevista con Radio Erbol al hablar de la curva declinante del postulante de CC.

Pues bien: sucede que, según consta en la edición del 3 de febrero del 2019 de Página Siete, Mesa pasó de tener 39% en diciembre de 2018 a 32% en enero del corriente año, de acuerdo a un sondeo de Mercados y Muestras.

Por otra parte, no hay una sino dos encuestas recientes que ubican al ex presidente en torno a la segunda cifra negada por Calla. Un sondeo de Captura Consulting difundido el 4 de abril le daba a Carlos Mesa un 26,1% de apoyo, mientras que tres semanas después, el 25 de abril, una encuesta de IPSOS indicaba un guarismo de 25% para el ex mandatario.

No voy a caer en la bajeza de atribuirle a Calla una intención “distorsionadora” como la que él me endilga y supondré más bien que lo suyo fue un vergonzoso caso de desinformación, de parte de un cientista social que declara “no tener tiempo para leer”.

Pero lo cierto es que la curva declinante, lejos de ser una “llamativa falsedad” o un caso de “fake facts”, como alega con ligereza el ex ministro, es una evidencia objetiva que surge del cruce entre los diversos sondeos realizados en el último semestre.

 

El problema para Calla es que al acusarme de “falsedad”, es decir, de mentir, ha entrado en el campo jurídico de la difamación y la calumnia. Ahora, tras haber sido debidamente informado a través de estas líneas, le exijo que tenga un mínimo de honor e hidalguía para retractarse y pedirme disculpas públicamente, en el mismo medio y con la misma extensión e intensidad que empleó parra difamarme.

Otro punto que me gustaría aclarar, ya que el sociólogo de marras pregunta con insidia “a favor de quién” busca gravitar mi libro, es el de mis posturas políticas. Dado que “no tiene tiempo para leer”, seguramente ignorará una larga lista de títulos en los que he venido investigando y denunciando el autoritarismo y otros rasgos del régimen del MAS, desde aquel “Ciudadano X” del 2008, que me valió ser acusado de “agente del imperialismo” por Evo Morales, hasta “Enero Negro” publicado a comienzos del 2018, pasando por “Relaciones peligrosas” (sobre los vínculos Bolivia-Irán) o el trabajo conjunto con el fotógrafo Samy Schwartz, “TIPNIS: la marcha que cambió la historia”, por citar sólo algunos de estos libros.

Mi posición política es, por tanto, inequívoca, a diferencia de la de su candidato Carlos Mesa, quien calló por 13 años antes los desmanes del régimen y llegó a comparar a Evo Morales con Simón Bolívar.

En resumen, Ricardo Calla debería hacerse “un tiempo para leer” antes de emitir opiniones sin fundamento. De lo contrario, sería bueno que tenga en cuenta la conclusión del “Tractatus” de Wittgenstein: “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”. Si no sabes de lo que hablas, Ricardo, calla.