Análisis de periodista Humberto Vacaflor

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Un trabajador de YPFB, cuyo nombre nadie conoce, se ha convertido en el más certero crítico del desastroso manejo que este gobierno hace de la empresa estatal “estratégica”.

La tensión en el Gofo Persa sigue subiendo con las nuevas sanciones anunciadas por Estados Unidos contra Irán. El precio del petróleo no ha reaccionado a las nuevas sanciones porque el mercado sigue con mayor oferta que demanda. La falta de resolución de la guerra comercial iniciada por Donald Trump, el presidente estadounidense, afecta las perspectivas de crecimiento económico y de consumo de petróleo, sobre todo en los países en desarrollo.

La grabación de sus críticas hechas en 2018 a la plana mayor del régimen, incluidos el presidente, el ministro y el octavo presidente de YPFB en este gobierno, se hizo viral en las redes sociales primero y luego llegó a algunos medios.

Las refinerías –dijo este anónimo patriota– están trabajando apenas con 40.000 barriles de petróleo por día cuando tienen capacidad para tratar 64.200 barriles, lo que marca un momento dramático.

“Deben ponerse las pilas. Han pasado tres años y deben decir la verdad, porque desde 2015 les venimos gritando. Un pozo no se perfora en un mes”, dijo el año pasado este héroe.

En ministro del ramo replicaba diciendo que no, que la producción de gas era de 58 millones m3/ y por lo tanto la producción de crudo debería ser de 60.000 barriles, pero el trabajador le corregía: la producción está en 40.000, igual que estaba en el año 2006.

Es decir que de los 53.000 millones de dólares que dio la exportación de gas en los fabulosos precios del súper ciclo fueron invertidos en exploración solamente 2.364 millones.

Ahora que se conoce esta lapidaria crítica del trabajador, el gobierno anuncia que, esta vez sí, en los próximos cinco años destinará 9.800 millones de dólares a la exploración.

Pero ya es tarde. Es probable que en los próximos meses una de las dos refinerías tenga que cerrar. La producción de gasolina sigue bajando, como lo reflejan las importaciones, que aumentaron en 40 % en los primeros cuatro meses de este año.

De alguna manera, el anónimo patriota que trabaja en una de las refinerías, está proponiendo al país que sean los trabajadores quienes manejen la empresa, porque la burocracia del actual gobierno ha llegado al colmo de la ineficiencia.

Tendríamos que estar en vísperas de que YPFB pase a ser una “empresa social”, como propuso el gobierno en una ley que autoriza a los trabajadores a hacerse cargo de las empresas que el sector privado no es capaz de administrar bien. Y este es el caso.

El presidente Evo Morales reveló que en 2006, cuando él asumió el cargo, YPFB tenía 600 trabajadores. Ahora tiene 8.000. ¡Produce lo mismo que hace trece años pero tiene doce veces más trabajadores que entonces!

El héroe anónimo dijo que la empresa sólo es eficiente cuando tiene que contratar personal de oficinas, porque lo hace de inmediato, mientras que para contratar un técnico, como los que necesitan las refinerías desesperadamente, se demora meses o años.

YPFB social, por favor.

Fuente: El Diario