Análisis de Emilio Martínez Cardona (Minas, Uruguay, 13 de diciembre de 1971) es un escritor y periodista uruguayo–boliviano.


El vicepresidente García Linera volvió a asumir la función oracular, afirmando que “va a haber muchísimo más gas si la Pachamama nos sonríe en enero”.

La frase viene a engrosar el archivo de aseveraciones surrealistas del segundo mandatario, como aquellas de tipo astronómico-fantástico donde profetizaba ocultamientos solares y escapes lunares si el régimen perdía el referéndum del 21F.

Tras más de una década de paralización en la prospección gasífera, el trabajo técnico y la visión científica son sustituidos por el pensamiento mágico, por un voluntarismo improvisado al calor de los tiempos electorales.

Según García Linera, la riqueza por descubrirse alcanzaría los 70.000 millones de dólares, disparate que ni siquiera respalda YPFB, que estima el potencial en apenas un 20% de esa cifra. Esto en el mejor de los casos, aceptando los malabares aritméticos y conceptuales hechos desde esa empresa estatal, donde suelen transmutarse reservas posibles en probables y estas últimas en probadas.

El vicepresidente también ensaya un optimismo exportador que contrasta con la realidad, donde los principales mercados compradores del gas boliviano han sido descuidados, en gran parte por el manejo ideologizado de las relaciones internacionales.

Tal vez el rostro sombrío de Evo Morales en el acto de asunción presidencial de Jair Bolsonaro sea un indicador más fiel de los hechos duros y concretos.

En un siguiente pasaje de sus declaraciones, el número 2 del régimen hizo otra afirmación inquietante, asegurando que Bolivia “tiene capacidad para endeudarse por otros 10.000 millones de dólares”.

Es decir, que no contentos con haber llevado al país al endeudamiento récord de toda su historia, los alquimistas financieros del gobierno prevén seguir profundizando esa hipoteca del futuro nacional.

La exhibición de espejismos electorales por el vicepresidente también incluyó amplias promesas sobre la industrialización del litio, varias de las cuales ya han sido desmentidas por la empresa alemana que se ha adjudicado la explotación del Salar de Uyuni.

Se trata, en suma, de dibujar ese “camino ancho” del que ha hablado García Linera, que representaría al MAS y según él llevaría a la prosperidad, por contraposición al “camino angosto” de la oposición. Frase con la cual terminó de confirmar su carencia de un conocimiento básico de la literatura bíblica, donde el camino ancho representa a la perdición, misma que en nuestros días podría ser ejemplificada con el infierno inflacionario venezolano y con la represión masiva de la Nicaragua orteguista.

Para la oposición, el desafío estriba no tanto en desmontar las promesas falaces de quienes sólo fueron capaces de despilfarrar una bonanza no generada por ellos, sino de proponer una esperanza mejor fundada, una visión de país alternativa basada en la creatividad y el emprendimiento de la gente, más que en las pretendidas iluminaciones de una burocracia centralista pródiga en elefantes blancos.