En el año 2018, el oro se posicionó claramente como la principal exportación minera de Bolivia, desplazando al zinc. Todas las proyecciones coinciden en que esta situación se mantendrá en el 2019, debido a la persistente tendencia a la baja del precio internacional del zinc.

El oro, en cambio, tiene excelentes perspectivas para los próximos años, por su uso como refugio financiero para la inversión. Esto cobra importancia ante la actual desaceleración en economías emergentes, que de acuerdo a JP Morgan podría alcanzar también en el corto plazo a los Estados Unidos.

La economía estadounidense viene de dos años de bonanza que, de acuerdo a los expertos de Wall Street, debería desacelerarse en el año que comienza, siguiendo los tradicionales ciclos del capitalismo.

Prueba de esto es que el S&P 500 cayó en valor en un 15% entre el 30 de noviembre y el 24 de diciembre. En suma, el índice terminó el año 6% por debajo de donde comenzó en enero de 2018.

Esta perspectiva de relativa contracción ha llevado a muchos analistas del mercado a revalorizar el rol del oro como inversión segura, lo que muy probablemente se traduzca en una tendencia alcista sostenida a nivel mundial.

EL CUARTO CICLO MINERO BOLIVIANO

En este nuevo contexto internacional, la explotación aurífera redobla su importancia para la economía boliviana, sobre todo como antídoto contra los augurios de desaceleración nacional.

Aunque la economía de Bolivia ha seguido siendo, a pesar de la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos, la que ha crecido en porcentajes más importantes en toda la región, sostener ese crecimiento es un desafío fundamental, una meta a la cual la minería aurífera puede aportar notablemente, como un nuevo motor de la economía boliviana.

Si la minería boliviana en particular y la economía nacional en general se basaron durante la colonia en la plata, en la república y el período post-52 en el estaño y durante el neoliberalismo en el zinc, es posible que esté llegando la hora para la era del oro.

UN NUEVO MODELO DE EMPRESA PARA UN NUEVO CICLO

Este nuevo ciclo de la minería necesita a su vez de un nuevo modelo de empresa privada minera, sostenido en los pilares de la responsabilidad ambiental y social, como un factor diferenciador hacia las explotaciones de ciclos anteriores, que fueron de naturaleza depredadora.

Una de las empresas que mejor encarna este nuevo modelo es Río Dorado, compañía que en sus zonas de actuación apuesta fuertemente por el apoyo comunitario en materia de salud, educación y deporte.

Ahora, Río Dorado realiza trabajos preliminares de exploración en el norte amazónico, sobre el Río Beni, donde ya ha asumido compromisos para el desarrollo social y económico de las comunidades circundantes.

Paradójicamente, a pesar de su modelo que enfatiza la responsabilidad social y la tecnología ambientalmente amigable, la empresa fue objeto de ataques sensacionalistas de “fake news”, quizás instigadas por competidores informales de la zona.

Sin embargo, las autoridades competentes se han encargado de relevar la importancia de la inversión en el sector aurífero que viene llevando a cabo Río Dorado. Esto incluye tanto a la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) como a la Gobernación del Beni y a las OTBs de Palmira, la comunidad más cercana del área.

ALIANZA PÚBLICO-PRIVADA POR EL ORO

El modelo de alianza público-privada seguido por esta compañía también se ciñe a la normativa nacional, en lo que respecta a la colaboración con la Empresa Boliviana del Oro.

La seguridad jurídica es una de las claves para fortalecer al sector aurífero formal, que puede convertirse en uno de los motores imprescindibles para impedir que Bolivia siga las tendencias recesivas latinoamericanas y mantenga su dinamismo.

Fuente: Esto También Sucede