Análisis de Guillermo Barba @memobarba para semanario financiero Santa Cruz Económico. FOTO: Guillermo Barba: licenciado en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Máster en Economía de la Escuela Austríaca por la Universidad Rey Juan Carlos  (URJC) de Madrid, España. Es un profesional formado además en las teorías de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (NASOE, por sus siglas en inglés), fundada por el Prof. Antal Fékete. Fue alumno de prominentes pensadores “austríacos” como Jesús Huerta de Soto, Miguel Angel Alonso, Philipp Bagus y Juan Ramón Rallo. Es un férreo defensor de la libertad individual, de la propiedad privada, los mercados libres y el dinero honesto. Es promotor del patrón oro y de la monetización de la plata.

Los inversionistas en México siguen bastante nerviosos. Ayer la Bolsa Mexicana de Valores perdió el soporte de los 43 mil puntos, al caer más de 2 por ciento, a niveles que no se veían desde febrero de 2016.

El peso también cayó fuerte y el precio del dólar escaló este martes hasta los 20.57 pesos en el mercado interbancario, un máximo de casi 5 meses.

Para entender un poco mejor los mercados, hay que explicar que todos, desde el mercado de su colonia hasta los grandes mercados financieros internacionales, funcionan esencialmente igual.

Lo que mueve los precios son las compras y ventas que los participantes hacen a diario, y en los mercados más grandes y sofisticados, se mueven miles de millones de dólares en segundos, hasta de manera automatizada, con robots programados en computadoras para ejecutar las órdenes de inmediato.

Es por estos grandes volúmenes que se manejan, que un simple tuit de Donald Trump; un anuncio importante como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México; una iniciativa en el congreso para prohibir a los bancos el cobro de comisiones; o cualquier otra noticia relevante, puede mover la cotización de las acciones y divisas de manera muy rápida.

Lo mismo pasa con las expectativas de lo que pueda ocurrir en el futuro: si son positivas, lo normal es que ese buen ánimo propicie compras y alzas de los inversores, y al revés, si hay incertidumbre, dudas, o de plano un sentimiento negativo, esas emociones propician ventas y caídas de precios que marcan tendencia.

Esas minusvalías se reflejan también en los fondos de inversión en los que se depositan los recursos de millones de trabajadores con cuentas para el retiro. Así que es un error asumir las caídas bursátiles como algo que sólo afecta a los “ricos” que tienen dinero invertido ahí. No. Los alcances son mucho mayores y con impacto en el bolsillo de todos.

Esto último es justo lo que ha estado pasado, pues tenemos un contexto internacional adverso, con una abierta disputa comercial entre China y Estados Unidos, caída de los precios del petróleo por la abundante oferta del energético, y la inquietud que hay por el inminente cambio de gobierno en México.

Son estos factores externos e internos los que propiciaron que, según cifras del Banco de México, en octubre pasado hubiera una salida masiva de capitales por 11 mil 237 millones de dólares, de bonos del gobierno, por parte de inversionistas extranjeros que retiraron su dinero y con ello, se dispararon al alza las tasas de interés de dichos instrumentos.

La tasa del bono soberano de México a 10 años, por ejemplo, ya está por encima del 9 por ciento, un máximo no visto desde hace 10 años, en plena crisis de 2008.

Por cierto, es esta alza de tipos la que, en nuestra opinión, forzará a Banxico a elevar su tasa objetivo el día de mañana para tratar de seguirle el paso a las tasas que en el mercado ya escalaron.

Hay que poner atención porque esa fuga de capitales de octubre, que según lo que nos dice el mercado de bonos, continúa, seguirá presionando hacia arriba las tasas de interés, la inflación y al dólar, lo que también termina sintiéndose y fuerte en el bolsillo de los mexicanos, disminuyendo nuestro poder de compra.

Por desgracia, lejos de haber mejoras en las señales que el próximo gobierno de López Obrador (AMLO) ha dado a los mercados, estas siguen empeorando.

En nuestra opinión, la última y más grave es lo que dijo AMLO tras una reunión con gobernadores en Yucatán el lunes de esta semana: “Mi amo es el pueblo de México, yo ya no me pertenezco.”

Y es que bajo la excusa de “obedecer” al pueblo, se pueden cometer toda clase de arbitrariedades económicas y financieras, como la de prohibir el cobro de comisiones a los bancos, propuesta que ya está en el Senado, o controlar cualquier precio, lo que causa distorsiones serias como el desabasto y la quiebra de empresas. ¿Alguien duda que “el pueblo” estaría a favor de decretar que los productos básicos (los que se le ocurran al gobierno) dejaran de subir de precio, por decreto?

El límite a la estupidez económica es la imaginación, y así lo confirma la historia. Con esto en mente, que no le quede duda: El invierno económico inicia el 1 de diciembre. Hay que irse preparando.