Arquitecta y desde niña su gran hobby fue pintar. Lo suyo es un verdadero don, pues todo lo que sabe lo aprendió de forma empírica y asegura que le costó años mejorar esa “técnica imperfecta” que le da un estilo tan particular a sus pinceladas. De sus manos e imaginación salen personajes caricaturizados difíciles de definir: algunos sin rostro, otros sin ojos o solo con boca.

“A través de mis cuadros trato de reflejar las emociones que yo siento en diferentes situaciones. Mi inspiración son las emociones intensas, es decir, las que son muy suaves o muy fuertes”, explica Castedo. “Algunos días, nos sentimos depresivos o vacíos. Otros, estamos llenos y con mucha euforia, pensamos que podemos comernos el mundo. Son lapsos, minutos en los que uno se siente de una manera u otra”.

Enero Castedo, obra.

La artista explica que en sus cuadros se pueden percibir escenas que reflejan el miedo, la soledad, la incomprensión y el rechazo. Otras, que hablan del amor, la compañía y la conexión: “Sentimientos opuestos que existen solo si se agarran de la mano”. Para sus pinturas, ella utiliza acrílicos, barniz y algunos polvos en tonos metálicos. En otras ocasiones, también ha hecho pinturas sobre madera y cartón reciclado.

“Para mí, la pintura es una forma de expresión. Nunca he pasado clases, fui aprendiendo de forma empírica hasta que hallé mi propio estilo imperfecto, algo que me ha tomado años de años”, asegura. “Me voy más al lado del caricaturísmo porque siempre me gustó hacer personajes que no sean realistas”.

La muestra “Llenos y Vacíos” se exhibe en la Galería de Arte de Los Tajibos Hotel hasta finales de enero, ingreso abierto al público.

Rolando Parejas, Xiomara Terrazas y Karin Koelhl