Cuatro expertos de la comunicación y la salud les brindaron herramientas prácticas para el tratamiento de la información sobre el COVID-19, en un foro completamente digital organizado por esta droguería.

Alrededor de cien periodistas de todo el país se sentaron frente a una pantalla, la tarde del sábado, para aprender. El motivo de esta reunión fue el foro Periodismo en Pandemia: cómo informar sin alarmar, organizado por Droguería Inti y que diseminó reflexiones profundas sobre el tratamiento de la información en materia de salud en Bolivia.

Christian Schilling, Gerente General de Inti, fue el primero en intervenir. El ejecutivo aseguró que, durante estos seis meses de cuarentena, la firma identificó que el tratamiento informativo sobre el tema es fundamental y estratégico para tener una mayor claridad en la toma de decisiones.

“Organizamos este encuentro para aportar con la experticia de todos los ponentes, recursos prácticos para informar sobre el COVID-19 y, evitar el sensacionalismo médico periodístico con el propósito de cuidar la salud de todos los bolivianos”, aseveró.

Cinco herramientas de Bär

Desde Argentina y, con una cantidad de libros en el fondo, Nora Bär, editora del área Ciencia & Salud del Diario La Nación y actual presidenta de la Red Argentina de Periodismo Científico argumentó los principios detrás de “Cinco ideas principales para informar”. El primero fue mostrar que el mundo de la infodemia no es lo que era, que las palabras más investigadas en el buscador de Google, en 2019, eran los temas de salud.

Un segundo principio que Bär argumentó fue que muchas veces “La reproducción de diversos periodistas del lenguaje científico le otorga credibilidad”. “Muchas noticias que no tienen justificación se presentan como si fueran científicas sin un pensamiento crítico detrás. Aunque la noticia la brinde una fuente de gran prestigio, puede ser equivocada y estar sometida a conflictos de intereses que lo hace juzgar mal una situación”, aseveró.

Así también profundizó sobre el “ser del periodista”. Debe ser preciso cuando se informa si, por ejemplo, el tratamiento que refiere es un resultado preliminar o en animal; muy meticuloso con las estadísticas y datos; muy cuidadoso en la elección de palabras evitando términos como ‘cura milagrosa’ o que generen expectativas exageradas y, sobre todo brindar a la audiencia conclusiones sólidas para que desarrolle un pensamiento crítico”.

En un cuarto y quinto principio, la autora de “Diez preguntas que la ciencia todavía no puede contestar”, arguyó que se debe “alfabetizar a la audiencia sobre el conocimiento del método científico” y no solo ocupar mal el método de “las dos campanas” donde el periodista presenta argumentos contrapuestos sin validar que unas son anécdotas y otras no.

“En temas de incertidumbre por el COVID-19 no tenemos que dar credibilidad a datos anecdóticos. No basta que alguien me diga yo tengo a un paciente que cure con X cosa. Eso no tiene peso como evidencia. El periodista debe mantener una especulación responsable y contarlo con certeza y honestidad sin ocultar riesgos porque los científicos son seres humanos errantes como cualquiera”, aseveró.

Preguntas para los Gobiernos

Juan Saavedra, fundador de la Sociedad Boliviana de Infectología, docente y experto en el tema, mostró con cifras las estadísticas de las cuatro fases de la pandemia en el país y lo que se debería hacer en cada una de ellas. “Por cada infectado con pruebas de PCR hay entre cinco a 10 asintomáticos caminando por las calles. Por eso para las autoridades esto es como tratar de entender un iceberg viendo solo la punta, es importante entender la Medicina basada en las evidencias para que se tengan planes detallados en cada etapa de la enfermedad”, aseveró.

El médico especialista en infectología lanzó una serie de preguntas que se debería indagar con las autoridades. Por ejemplo “¿Cuántos infectados hay de alto riesgo? ¿Hay contactos en cuarentena? ¿En qué fase de la epidemia estamos? ¿En base a qué pruebas de laboratorio? ¿Por qué falla la trazabilidad? ¿Cuál es la velocidad de avance del COVID-19 por regiones?”.

Saavedra mostró datos sobre la carga viral, la serología, el uso de ciertos tratamientos para el COVID-19 que tienen contradicciones entre unos y otros países y se detuvo en el ejemplo de Nueva Zelanda que, bajaron de la fase 3 (brotes familiares y vecinales) a la 2 (solo algunos) a través de planes sectorizados bien estructurados y puestos en práctica cada semana.

Desde la academia y el periodismo

Sin duda el espacio donde se forma el conocimiento científico y las ciencias son en gran magnitud las universidades. Rafael Loayza, director del Departamento de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana (UCB), docente, ex viceministro y periodista puso en la mesa principios prácticos para informar.

El académico hablo de la importancia de la “verdad” en el periodismo. Dijo que actualmente se concibe la verdad como un constructo social que puede funcionar coyunturalmente y que, la democratización que existe en el medio -porque muchos influencers pueden tener más amplificación de su voz que una institución- puede hacer que la verdad termine por diluirse.

“La verdad es directamente proporcional a las personas que la creen. La cantidad de personas que creen que un postulado es verdadero defienden que es real. Por eso es que se tiene más de 60.000 personas consumiendo dióxido de cloro. Más allá de lo que podríamos cuestionar, esas personas tienen una certeza porque la centralidad de la información se ha perdido y los periodistas en algunos casos terminan amplificando esta realidad”, arguyó.

Por su parte, Alcides Flores, jefe de Redacción del diario Página Siete, habló del principio de la “duda” que todo periodista debería mantener venga de quién venga. “Nuestro horizonte no debería ser alarmar sino verificar siempre la información. Las ‘fake news’ están a la puerta. El reto es grande y, durante esta pandemia el nivel de aprendizaje es a diario”, explicó.