Jairo León García
Jlgarcia@une.net.coIngeniero Electricista de la Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga.    Realizó una pasantía de perfeccionamiento profesional en transporte de energía eléctrica en París-Francia y se tituló como Magíster en Ciencias Política de la Universidad de Antioquia.
 
Desarrolló su experiencia profesional como Jefe de la Sección Líneas de Transmisión en Interconexión Eléctrica S.A. ESP –ISA- y Coordinador de la Gestión con Grupos de Interés, de la Gerencia de Estrategia de la misma empresa, hasta 2005. A partir de esa fecha se dedicó a la consultoría empresarial.
 
Participó en el cuarto del lado en la negociación del tratado de Libre Comercio Colombia – Estados Unidos, área de energía.

Se ha desempeñado como profesor de cátedra en la Universidad Eafit y en la Universidad de Antioquia.

Columnista invitado en revistas y publicaciones como La República, Mundo Eléctrico, Cier, Andesco y Diálogo Interamericano. Autor de múltiples ensayos sobre líneas de transmisión,  participación  ciudadana y geopolítica de la energía.  
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 Se identifican cuatro factores clave en el desempeño del sector energético en cuya interacción influyeron los resultados energéticos en los últimos 50 años.
El primer factor tienen que ver con el crecimiento de la población mundial que pasó de 3.700 millones (1970) a 7.400 millones (2015) acompañado de un rápido crecimiento de la fuerza de trabajo, con un 1,7% p.a., complementado con un alto índice de crecimiento de la productividad (1.7% p.a.), impulsores que aumentaron
la demanda de energía en 2,6 veces durante el período, en gran parte liderada por países no pertenecientes a la OCDE.Otros factores identificados tienen que ver con el uso generalizado de la tecnología y los altos niveles de inversión en el sector eléctrico. En algunos países, como en China, éstas han promediado más del 40% del PIB en las anteriores tres décadas (aumentos anuales de la demanda de energía eléctrica frecuentemente superiores al 10% p.a. impulsaron la necesidad de expandir rápidamente la oferta).

Las preocupaciones ambientales también se incrementaron considerablemente en las agendas nacionales y globales. El desarrollo sostenible se puso de manifiesto a finales de los años ochenta (la Comisión Brundtland, informe elaborado por distintas naciones para la ONU, en 1987) al igual que el cambio climático, con la creación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático en 1988.  
También, la evolución de las estructuras internacionales de gobernanza (establecidas en 1945 con la fundación de las Naciones Unidas) y la rivalidad entre los estados, han tenido un significativo impacto en las políticas económicas y energéticas como en el patrón del comercio de energía. 

El papel del Estado en el funcionamiento de las empresas energéticas ha evolucionado en muchas direcciones en los subsectores energéticos. En 1970, prácticamente todas las empresas de electricidad eran administradas por el Estado, pero se presentó un gran cambio en los años noventa ya que muchos gobiernos se abrieron a la participación del capital en el sector.
“En la gran transición, la gestión de los desafíos ambientales será una preocupación política central (global)..” Jairo León García