Roberto Navia Gabriel

El gran periodismo no está en crisis. Sí lo están los medios que no saben leer la realidad: el papel ya no lo soporta todo. No soporta, por ejemplo, que ahora la gente se esté informando por Internet. Hay excepciones, pero para que un lector siga siendo fiel a las letras de molde, hace falta que se lo trate cada día mejor, ofreciéndole platos exquisitos de lecturas que nadie más lo hará. Qué ironía. Muchas empresas periodísticas escriben sobre la realidad, pero no saben leer la propia.

No es que la cobertura de la coyuntura la estén haciendo mal; por el contrario, han aprendido a ser duchos en reaccionar al instante, en levantar informes que nacen al caer la tarde, y en buscar repercusiones a las versiones calientes que las autoridades emiten desde sus cubiles del poder. Pero resulta que muchas noticias mueren antes de nacer porque la edición de mañana del diario impreso ya fue devorada la noche anterior por los noticieros de televisión y las famosas redes sociales.

El trabajo del reportero suele ser un intento de aventuras frustradas, respuestas de entrevistados que solo forman una colección de porcentajes. Se cree que sin el dato duro no hay noticia, y cuando un equipo de prensa llega a su destino después de un largo —o corto— viaje, un editor tiene el desatino de preguntar cuándo van a retornar, en vez de interesarse por las historias que se pueden pescar en el periplo.

Hay muchas historias para contar. La realidad necesita del gran periodismo para que eleve al mundo de lo visible esos acontecimientos que la fugacidad ahora intenta ocultar.

Pero no se trata solo de mudar del impreso a la web. Decir: “¡Chicos! nos cambiamos de casa, alisten sus cosas y nos vamos de aquí”. La página digital no se alimenta sola. Los reportajes multimedia no nacen de la nada. Si no tenías un gran contenido en el impreso, éste no brotará por arte de magia en la versión digital.

¿Qué quiero decir con eso? Que el mayor tesoro que tiene un medio de información está en la calidad del producto, y el producto, entiéndase bien, son los reportajes de investigación, las crónicas bien labradas. Hoy, la noticia cotidiana se consume en un suspiro y se pierde en la marea que inunda por todos lados y que no nos permite ver la realidad. Una realidad que ya ha cambiado.