Lic. Gary Antonio Rodríguez A.

Economista con Maestría en Comercio Internacional y Gerente General IBCE

La economía boliviana crece, pero con la finalización del macrociclo de precios altos en 2014 para las materias primas, su tendencia desde el 2015 es declinante

El país crece pero cada vez crece menos. De confirmarse el pronóstico optimista de bordear el 3% de crecimiento o experimentar el segundo peor crecimiento de las dos últimas décadas, Bolivia podría registrar en 2019 su menor tasa de expansión de los últimos quince años habida cuenta de la gran pérdida que sufrió el país el pasado año por distintas razones.

Son dos los factores que hay que analizar para entender el crecimiento de la economía boliviana: el mercado interno en términos del consumo privado y del gobierno, además de la inversión; y el mercado externo (contemplando la exportación e importación).

Los principales aportantes al PIB son la industria manufacturera, la agropecuaria, las finanzas, el transporte público/ comunicaciones, la administración pública y el comercio.

Si bien la pobreza en el país ha disminuido de manera importante y se ha engrosado fuertemente la clase media en los últimos años, la economía boliviana aún depende de un mercado interno limitado, la inversión externa es baja y son pocos los sectores que apuntalan su crecimiento. Además, siendo “tomadora de precios” es vulnerable a los precios internacionales para las materias primas que exporta, lo que impacta severamente en su sector externo.

El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) en su reciente Informe de Gestión, dio cuenta que “el 2019 fue un año atípico: factores internos (año electoral, incendios, paro de 3 semanas, convulsión social) y factores externos (guerra comercial EEUU-China, desaceleración del comercio mundial por menor crecimiento de China, devaluaciones generalizadas, menor demanda de gas por Brasil y Argentina, recesiones en Argentina y Paraguay, convulsión social en Chile y Ecuador), resintieron severamente la economía boliviana”.

Hasta junio del 2019 -antes de los incendios, paro de tres semanas y posterior convulsión social- las cosas no iban bien en Bolivia. Según el INE, la economía había crecido apenas 3,1% muy distante de la previsión oficial del 4,7%. Hasta junio la Inversión Extranjera Directa, por primera vez en muchísimo tiempo, presentó un indicador preocupante de “desinversión”, algo que nos debería llevar a reflexionar sobre los “méritos” que estamos haciendo como país para captar inversión.

Si se suma a ello la disminución de la actividad económica en el segundo semestre, producto de las vicisitudes en el sector externo el resultado seguramente será mucho menor al previsto por su impacto sobre la balanza comercial y el consumo interno.

El 2019 acaba como el sexto año con déficit fiscal y el quinto con déficit comercial. En el primer caso, el apuntalamiento de la expansión del PIB a través del gasto y la inversión gubernamental se ha dado a costa de un mayor déficit público. Si no se incurría en un déficit fiscal la economía podía decrecer. Crecemos gastando más de lo que recaudamos y aumentamos la deuda.

La gestión acabó también con el quinto déficit fiscal consecutivo. Los dólares que llegan por exportación no alcanzan desde hace cinco años para financiar los dólares que gastamos para traer productos extranjeros, un 70% de los cuales tiene que ver con insumos, bienes de capital y equipo de transporte, lo cual merma las Reservas Internacionales Netas, que han caído a un nivel de hace 12 años.

El 2020 se presenta como complicado, porque será un año atípico con dos procesos electorales fuertes (elecciones generales y subnacionales). Considerando el actual escenario para el comercio exterior boliviano, pero además la situación interna en el país; el Banco Mundial ha bajado sus expectativas de crecimiento para nuestra economía a un 3% para el 2020, lejos del 4,2% previsto el pasado año al momento de presentarse el Presupuesto General del Estado, que ya el actual gobierno dijo que revisará a la baja. Frente a ello, el IBCE propone un Pacto Social Productivo, para poder crecer más.