Por Emilio Martínez Cardona


 

Se sabe que el modelo cooperativista tuvo mucho que ver con el despegue de la economía cruceña en décadas pasadas, al facilitar no sólo la provisión de servicios públicos a las familias, sino también al proveer la base estratégica en telecomunicaciones, energía eléctrica y agua potable para el desarrollo industrial y agroindustrial del departamento.

Pero la fortaleza del cooperativismo no se restringe a la historia, sino que ofrece una serie de posibilidades de innovación para el presente y futuro. Por ejemplo, la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) remarca el papel que las cooperativas pueden desempeñar en el nuevo modelo de la economía colaborativa, un paradigma emergente que parece estar revolucionando los mercados a nivel global.

El Consejo Empresarial de Cooperativas y Mutuales, en Australia, ha estudiado múltiples casos exitosos de cooperativas de ese país involucradas en la economía colaborativa. En Francia, Nicole Alix, presidenta de La Coop de Communs, explica que en esta adaptación hay “cambios que son oportunidades para nuevas formas de solidaridad”.

Otro caso es el de la campaña Buy Twitter que encabeza Danny Spitzberg, con la que se busca convertir a la plataforma en una cooperativa. “Hay muchas buenas ideas que salen de esta campaña”, dijo Spitzberg, agregando que otra opción sería que las cooperativas construyan su propia alternativa de red con el objetivo de proporcionar una participación real en el negocio y mejores condiciones de servicio para los usuarios.

Son sólo algunos de los tantos ejemplos sobre cómo a nivel internacional está siendo valorado el potencial del modelo cooperativista para la nueva economía del siglo XXI.

Volviendo a Santa Cruz, esa base histórica que representa el cooperativismo podría ser una excelente plataforma para el impulso de múltiples iniciativas de economía colaborativa, contribuyendo no sólo a los procesos de modernización tecnológica sino también a nuevas formas de integración del capital social.

En Cotas, por ejemplo, el reciente sismo ocasionado por una banda de desfalcadores puede acabar convirtiéndose, paradójicamente, en la coyuntura para una necesaria renovación. Recordemos que el ideograma chino de “crisis” se compone de dos signos: “riesgo” y “oportunidad”, factores que suelen aparecer asociados.

En este caso, el riesgo pasa por el asedio judicial-fiscal a los denunciantes del desvío y a las nuevas autoridades institucionales, espoleado tanto por intereses particulares que aspiran a una captura de parte del mercado de esa cooperativa como por quienes, desde el nivel central del Estado, procuran un mayor control burocrático sobre la entidad.

Esperemos que esta batalla entre el asedio (el riesgo) y la renovación (la oportunidad) se salde en favor de la segunda, tanto por las 1.000 familias cruceñas que en la actualidad dependen laboralmente de la institución, como por el trabajo estratégico que esta cooperativa puede seguir desarrollando para el departamento.