El Fondo Monetario Internacional (FMI) reduce estimados de crecimiento para el mundo, América Latina y Sudamérica, y en especial para Bolivia para este 2019, en su primer informe de proyecciones económicas del año, en su publicación la Situación Económica Mundial (WEO, por sus siglas en inglés).

Después de alcanzar un crecimiento alto el 2013, Bolivia nuevamente ingresó en una etapa de desaceleración económica. Economistas entrevistados por este medio, como José Gabriel Espinoza, Ernesto Bernal así como Germán Molina, coincidían, por separado, que Bolivia sintió los efectos de los bajos precios de las materias primas y un bajo crecimiento.

El primero informe del FMI hace un recuento del crecimiento que experimentó Bolivia en las últimas cuatro décadas y registra cifras que no pasan en promedio el 5 por ciento, y señala para el 2018 un crecimiento de 4,3 por ciento.

Mientras que para la presente gestión fijó 4,2 por ciento, para el 2020 señala un crecimiento de 3,9 por ciento, para el 2021 registrará 3,8 y el 2022 y 2023 la cifra bajaría a 3,7 por ciento.

La directora ejecutiva del FMI, Christine Lagarde, en su cuenta de Twitter, dijo que publicaron su informe actualizado con revisiones a la baja, en comparación al anterior documento. “Con la economía mundial creciendo más lentamente de lo esperado, nuestro mensaje es abordar las vulnerabilidades restantes y estar listos” para una posible desaceleración.

Más adelante, dijo que los países deben actuar ahora para prepararse para la siguiente recesión: resolver los desacuerdos comerciales cooperativamente, hacer que el crecimiento sea más fuerte y más inclusivo, y fortalecer la cooperación multilateral.

ANÁLISIS

Las proyecciones indican que este año se producirá un repunte del crecimiento regional “a un ritmo del 1,7 %” respaldado principalmente por el consumo privado. Se prevé que las inversiones aumentarán, pero la desaceleración del comercio mundial limitará el crecimiento de las exportaciones.

Las previsiones indican que en Brasil se registrará una expansión del 2,2 %, en el supuesto de que las reformas fiscales se apliquen rápidamente, y que la recuperación del consumo y la inversión compensará con cierto margen los recortes del gasto público.

A pesar de la disminución de la incertidumbre en materia comercial tras el anuncio del acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá, se prevé que el crecimiento en México se mantendrá en un nivel moderado, del 2,0 %, a raíz de la incertidumbre en torno a las políticas que impera en el país. Según las previsiones, en Argentina se producirá una contracción del 1,7 %, a medida que la profunda consolidación fiscal genere pérdida de empleo y un menor nivel de consumo e inversión.

Se prevé que la actividad en Colombia se acelerará a un ritmo del 3,3 %. En Chile, se espera un crecimiento moderado, del 3,5 %. Las estimaciones indican que la expansión de Perú disminuirá al 3,8 %.

Se prevé que, a partir de 2020, el producto interno bruto (PIB) per cápita se acelerará y aumentará a un ritmo mayor que el crecimiento per cápita en las economías avanzadas, tras sufrir un estancamiento convergente durante seis años.

RIESGOS

Por otra parte, el informe señaló los riesgos que presentará el panorama regional, que podrían frenar la actividad económica. El endurecimiento de las condiciones mundiales de financiamiento son motivo de preocupación para los países con grandes déficits de cuenta corriente o que dependen en gran medida de los flujos de capitales, entre ellos Argentina, Bolivia y varios países del Caribe.

Los países con una elevada carga de deuda externa, como Jamaica, Nicaragua y Venezuela, también estarían en riesgo si se produjera un cambio repentino en la confianza de los inversionistas en las economías de mercados emergentes y en desarrollo.

La misma situación adversa se podría observar en los países con un gran volumen de deuda denominada en moneda extranjera, como Costa Rica, Honduras y Nicaragua. Las tensiones comerciales plantean otro riesgo externo de gran magnitud.

El aumento de esas tensiones entre Estados Unidos y China puede retrasar el crecimiento regional a mediano plazo a través de diversas vías, como las exportaciones, la confianza y el mercado de productos básicos.

Asimismo, la región aún es muy vulnerable a los desastres naturales y a los fenómenos meteorológicos extremos.

–> En 2018, el crecimiento en la región de América Latina y el Caribe se estancó en un nivel bajo, del 0,6 %, como consecuencia del debilitamiento del comercio mundial y el endurecimiento de las condiciones de financiamiento externas. Distintos acontecimientos registrados en Brasil, Argentina y Venezuela limitaron el crecimiento regional.

El ritmo de crecimiento se moderó en América Central, mientras que en casi todas las economías del Caribe se vio fortalecido por el contexto de medidas de reconstrucción posteriores a la grave temporada de huracanes de 2017.

Un repunte en el segundo semestre dio lugar en Brasil a una ligera aceleración del crecimiento en 2018, que se calcula alcanzó el 1,2 %. En Argentina, la crisis cambiaria, la consiguiente aplicación de políticas más restrictivas en materia monetaria y fiscal, y una grave sequía ocasionaron una contracción de alrededor del 2,8 %. Venezuela continuó su caída, dado que la economía se redujo un 18 % en el año que acaba de finalizar.

En 2018, el ritmo de crecimiento de Chile y Perú se aceleró hasta alcanzar una tasa aproximada del 3,9 %, debido en parte a efectos de base favorables. En el mismo año, el aumento de los precios del petróleo contribuyó al repunte del crecimiento en Colombia, que ascendió al 2,7 %, aunque limitó el crecimiento en América Central.

En casi todas las economías de la región que tienen tipos de cambio flexibles –en particular Argentina, Brasil, Chile y Uruguay– se registró una depreciación nominal frente al dólar estadounidense.

Fuente: El Diario