Análisis de Guillermo Barba @memobarba para semanario financiero Santa Cruz Económico. FOTO: Guillermo Barba: licenciado en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Máster en Economía de la Escuela Austríaca por la Universidad Rey Juan Carlos  (URJC) de Madrid, España. Es un profesional formado además en las teorías de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (NASOE, por sus siglas en inglés), fundada por el Prof. Antal Fékete. Fue alumno de prominentes pensadores “austríacos” como Jesús Huerta de Soto, Miguel Angel Alonso, Philipp Bagus y Juan Ramón Rallo. Es un férreo defensor de la libertad individual, de la propiedad privada, los mercados libres y el dinero honesto. Es promotor del patrón oro y de la monetización de la plata.
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Si los inversionistas no fueron muy entusiastas en sus compras de oro durante 2018, quienes estuvieron más activos acumulando este metal precioso fueron los bancos centrales y, muy probablemente, seguirán impulsando la demanda este año, a menos que los precios suban, de acuerdo con las previsiones de CPM Group en su Yearbook 2019, un documento de referencia para el mercado.
“Los bancos centrales están aquí para quedarse como acumuladores a largo plazo, pero seguirán siendo sensibles a los precios. A medida que los inversionistas aumentan sus compras de oro este año y más allá, debería esperarse que los bancos centrales se retiren de la compra agresiva de oro, abriendo paso a los inversores privados una vez más”, dice la firma en el estudio, que espera que la inversión en oro alcance las 17 millones de onzas de oro en 2019, 41% más que en el año anterior.

Se espera que los bancos centrales agreguen alrededor de 14.5 millones de onzas de oro a sus tenencias sobre una base neta durante 2019 y, “si bien es más bajo que los niveles observados en 2018, sigue siendo un nivel respetable de la demanda neta de este sector.”
Estas entidades compraron 16.1 millones de onzas en oro en 2018, 34% más que los inversionistas privados, que acumularon 12 millones de onzas, de acuerdo con datos de CPM. Estas compras de los bancos centrales están en línea con sus adquisiciones de 2013 y 2014. Estos tres años representan las mayores adiciones netas a las tenencias de oro del banco central desde 1964.
Es curioso este dato porque en aquella época, los bancos centrales estaban comprando oro porque formaban parte de un sistema monetario internacional que prácticamente ordenaba sus compras de oro. En ese momento, el oro seguía siendo el centro del sistema monetario internacional, con el dólar vinculado a 35 unidades por onza. El oro fue utilizado por los gobiernos para liquidar el comercio internacional y las transferencias de cuentas de capital.

Por ejemplo, si las empresas alemanas hubieran recibido una gran cantidad de dólares utilizados por los estadounidenses para comprar productos alemanes, esos dólares se venderían al Bundesbank, que los cambiaría con el Tesoro de los Estados Unidos por oro.
“El oro era esencial para financiar el comercio internacional en 1964 y antes. Ahora, en 2018 y en el futuro, los bancos centrales están comprando oro porque quieren hacerlo”, indica CPM Group. Recordemos que en agosto de 1971 Estados Unidos abandonó definitivamente lo que quedaba del patrón oro, lo que puede entenderse como el “pecado original” del dólar que trajo la expansión monetaria y el dinero artificialmente barato al mundo, pero ante el empeoramiento de las condiciones económicas, parece que los mismos bancos centrales están recurriendo a este seguro que ha demostrado su confianza a través de la historia. Vaya paradoja. Una que es señal de que hasta los siempre conservadores y cautos banqueros centrales, prefieren tomar precauciones antes de la tormenta. ¡Por algo será!
Hay otro factor detrás del aumento en las compras de oro de los bancos centrales. Estas entidades suelen ser más sensibles a los precios que los inversores privados. Por ejemplo, cuando los inversionistas privados compraban 20, 30, o 40 millones de onzas de oro por año en la mayoría de los años, desde 2002 hasta 2017, estaban impulsando el precio al alza y manteniéndolo alto. Y cuando dejaron de adquirir tanto el año pasado, el precio bajó de 1,384 a 1,180 dólares. Los bancos centrales aprovecharon la oportunidad para abastecerse de oro a lo que vieron como precios de ganga.