Análisis de Dante Napoleón Pino Archondo

Economista Ministro de Servicios Financieros Diputado Nacional Profesor de Economía. Twitter: @dantenapuco

El Banco Central de Bolivia siempre fue una de las instituciones más serias y respetadas tanto interna como externamente, debido a su reconocida capacidad profesional y su enorme cuidado en la difusión de las cifras y del análisis que se hace de ellas.

Yo recuerdo cuando desempeñaba las funciones de Sub Gerente Financiero el año 1983, en una reunión en el Palacio de Gobierno, donde acudí como asesor económico de la Central Obrera Boliviana cuando esta tenía como Secretario General a don Juan Lechín Oquendo, y estuvo el presidente Hernán Siles Suazo junto con su Ministro de Economía Arturo Núñez del Prado, para tratar el asunto de la deuda externa, fui el que informó del crédito otorgado por la Argentina al gobierno de García Meza de mas de 500 millones de dólares, cifra que el Ministerio parecía no conocer y que servía para proponerle al gobierno el desconocimiento de esa clase deuda política que sirvió para la represión de la democracia boliviana. En fin fue un capitulo de la historia que puso en el tapete de la discusión el volumen de la deuda externa contraída por las dictaduras militares y su tratamiento en democracia.

Han transcurrido mas de veinte años y revisando el “Reporte de Capital Privado Extranjero en Bolivia 2017”, publicado por el Banco Central me encuentro con una institución que ha perdido esa seriedad en el manejo y explicación de las cifras que proporciona. El asunto de la inversión extranjera directa es un tema delicado y refleja el grado de confianza de los inversores en la seguridad jurídica y estabilidad económica de un país. Resulta que el Banco cuando nos muestra el cuadro 4.1 de los Flujos de ingreso de la Inversión, nos dice que el ingreso neto tomando en cuenta el año 2016 y comparado con el 2017 observa un flujo de 774 millones de dólares negativo mayor en 256.3 millones, al 2016 y que representa el 49.5 por ciento de variación, que nos dice se explica por las utilidades reinvertidas (renta debida) en relación a la renta recibida. Esto significa que recibimos mas inversión de la que tenemos en el exterior. Pero también nos enseña que la inversión directa extranjera el año 2017 alcanzó a 1.028.3 millones de dólares, que es 462.9 millones más que el año 2016.

Bolivia recibió el año 2017 463 millones de dólares de inversión extranjera directa. Si comparamos este flujo con lo que recibió el Brasil 70.332 millones, México 31.069 millones, Colombia 14.518 millones, Argentina 11.587 millones y Perú 6.769 millones nos damos cuenta de la dimensión económica de país que tenemos.

Lo triste es que el Banco cuando realiza sus conclusiones trata de suavizar las cifras y nos cuenta que el ratio de ID/PIB en Bolivia se explica por la “recuperación de la inversión en sectores vinculados a los recursos naturales transables principalmente hidrocarburos y minería. Si esto es así entonces 463 millones de dólares hacía el rubro minero e hidrocarburífero son nada y no se puede remarcar como un hecho sobresaliente y pasar de ser una institución que debe explicar con objetividad lo que muestran los resultados, a ser una que se convierte en vocero de propaganda que nos anuncia para el 2018 varios proyectos de inversión de las empresas: rusa Gazprom, de la Shell, Vintage, Panamerican Energy, YPF argentina, Petrobras y hasta la Campac Oíl Dubái.

Es increíble que todos los proyectos estén relacionados con el gas y que de todos ellos no tengamos noticias serias y datos de las inversiones prometidas. Al contrario las reservas de gas muestran una disminución preocupante que no se condice con la propaganda que se hace.

La inversión extranjera en Bolivia ha tenido un comportamiento directamente proporcional a la inseguridad jurídica que se tiene desde la mal llamada nacionalización del gas y no parece cambiar de comportamiento aunque el gobierno haga esfuerzos por tratar de conquistarla.

Al final del día nos hemos quedado si capitalización y sin nacionalización. Este cuadro no es el mejor para tratar de mostrarnos como un país serio, estamos sin norte, no sabemos a donde queremos ir, mientras la inversión busca oportunidades el gobierno deambula entre miedos y ansiedades.