Análisis de Emilio Martínez Cardona (Minas, Uruguay, 13 de diciembre de 1971) es un escritor y periodista uruguayo–boliviano.

La Nueva Política Económica o NEP por su nombre en ruso (Nóvaya Ekonomícheskaya Polítika), fue la orientación dictada por Lenin en la Unión Soviética tras el rotundo fracaso del llamado comunismo de guerra. Con este conjunto de medidas, asumidas en 1921, los bolcheviques intentaban darle algo de oxígeno a la economía, devastada por las nacionalizaciones.

La NEP logró una reactivación parcial del sector privado, siempre sujeto a la hegemonía estatal, abriendo un periodo de siete años de acumulación de capital, riqueza que luego sería cosechada por Stalin con su sangrienta colectivización, a partir de 1928. Se cumplía así el plan de Lenin, sintetizado en las frases “un paso atrás, dos adelante” y “los burgueses nos venderán las sogas con las que vamos a ahorcarlos”.

Se trataba de dar algo de libertad temporal para después volver a expropiar los medios de producción en un nuevo ciclo de estatizaciones.

En la Bolivia del régimen evista, que conserva al decir de García Linera el “horizonte comunista” (y ciertamente la memoria ideológica y estratégica de esa corriente totalitaria), parecería que nos estamos adentrando en una fase similar, salvando las distancias históricas.

El agotamiento del extractivismo gasífero, sobre todo por la nula exploración de reservas por más de una década, lleva a buscar alternativas de sostenibilidad económica, que principalmente se encuentran en el agro cruceño. De ahí el coqueteo gubernamental cada vez más intenso con este sector, antes denostado como “oligárquico”.

La agropecuaria y la agroindustria de Santa Cruz bien pueden ser la locomotora que movilice a la economía boliviana en los próximos años, aunque siempre con una “espada de Damocles” colgando sobre ella, mientras el régimen logre reproducirse en el poder.

Esto en el frente interno. En el externo (como en la NEP, que conllevó una apertura diplomática hacia las democracias occidentales) se buscaría cierta normalización en las relaciones con las potencias geopolíticas regionales, ante todo con Brasil, como quedó demostrado con la entrega del terrorista Cesare Battisti, pese a los pataleos del ala linerista y de los pro-cubanos.

Por supuesto, teniendo en cuenta el temperamento mercurial del “Jefazo”, todo esto será ejecutado con singular desprolijidad y frecuentes salidas de guión, que contradirán a la línea maestra.

La NEP a la boliviana servirá para mostrar cierta visión de futuro en el plano económico, pero además facilitará la “piel de cordero” necesaria para cubrirse en tiempos electorales.

No es que los empresarios del sector agropecuario tengan que despreciar esta oportunidad coyuntural, pero deberían tener muy en cuenta que, como los kulaks “cosechados” por Stalin, volverán tarde o temprano a ser materia descartable una vez que esté asegurada la continuidad en el Palacio Quemado de la camarilla centralista y burocrática.