Análisis de Guillermo Barba @memobarba para semanario financiero Santa Cruz Económico. FOTO: Guillermo Barba: licenciado en economía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Máster en Economía de la Escuela Austríaca por la Universidad Rey Juan Carlos  (URJC) de Madrid, España. Es un profesional formado además en las teorías de la Nueva Escuela Austríaca de Economía (NASOE, por sus siglas en inglés), fundada por el Prof. Antal Fékete. Fue alumno de prominentes pensadores “austríacos” como Jesús Huerta de Soto, Miguel Angel Alonso, Philipp Bagus y Juan Ramón Rallo. Es un férreo defensor de la libertad individual, de la propiedad privada, los mercados libres y el dinero honesto. Es promotor del patrón oro y de la monetización de la plata.

 

Los avances tecnológicos y científicos, la conexión en tiempo real en todas partes del mundo, la innovación médica y la investigación y desarrollo en varios campos han sido tan grandes en los últimos años que a veces olvidamos que la raza humana ha luchado miles de años por sobrevivir en este mundo.
Los fenómenos naturales (o provocados por el hombre) nos hacen ver nuestra fragilidad como especie, pero a la vez nos muestran nuestra resistencia ante tiempos difíciles. Una muestra de ello es el vórtice polar que golpeó la Costa Este de los Estados Unidos la semana pasada, provocando temperaturas de hasta cuarenta grados bajo cero. La ciudad de Chicago llegó a estar más fría que el planeta Marte.
Este fenómeno causó decenas de muertos, pero sin duda habrían sido muchos más de no haber sido por todos los avances que acabamos de mencionar. Y todo esto se ha logrado gracias al capitalismo, comenta Raymond C. Niles en un artículo para el American Institute for Economic Research (AIER).

“El capitalismo es el sistema de libertad, de libertad individual y derechos de propiedad privada, que permite y recompensa a las personas por tomar sus ideas y convertirlas en productos y servicios que se benefician a sí mismos y a otros a través del comercio. En la medida en que existe, el capitalismo desata el ingenio humano que nos mantiene vivos y cómodos en esta mañana insólitamente fría”, escribe Niles, a propósito del intenso clima que azotó a Estados Unidos.
“Tengo suerte de estar vivo. Me llevaría solo un par de horas morir de hipotermia si estuviera afuera en ese clima. Pero no solo estoy vivo, estoy cómodo.”
El autor agrega que, en la medida en que las sociedades abrazan el capitalismo, experimentan el crecimiento económico y prosperidad que se traducen, en comodidad, seguridad y el placer de las personas. Hace 200 años esto no habría sido posible.

En el año 1800, cita Raymond Niles, la esperanza de vida era de 29 años y ahora es de 72; el 43% de los niños moría a los cinco años, hoy es solamente el 4%; el analfabetismo era del 88%, hasta bajar al 15%. La pobreza extrema ha bajado del 89% a un 10%.
Coincidimos plenamente con esta visión. En un mundo imperfecto, el (mal llamado) capitalismo es un (mal llamado también) “sistema” que ha respaldado más avances y otorgado más oportunidades a la humanidad, ha sacado a más personas de la pobreza, aumentado la esperanza de vida y se ha vuelto un vehículo de movilidad y progreso social.
Por ello hay que desconfiar de aquellos que nos digan que “estamos peor que antes”, solamente hay que pensar en lo dura que era la vida hace dos siglos y que las comodidades a las que hoy tenemos acceso nunca las habrían podido imaginar nuestros antepasados.
Gracias a la economía de mercado (nombre adecuado del “capitalismo”) y a su institución fundamental -la libertad y su manifestación objetiva, la propiedad privada-, la persona promedio del mundo de hoy tiene mayor esperanza de vida, vive más segura, cómoda y con mayores “lujos” de los que en el pasado disfrutaron grandes reyes.
La humanidad aún enfrenta retos, pero de la mano de la acción empresarial humana, los seguirá superando todos.